En serio. No me costaría nada mirarlo. Pero paso: la duda que me asalta no es cuál es, ni por qué no sé cuál es, ni si el hecho de saberlo o no saberlo tiene importancia alguna. Tampoco me pregunto por qué demonios cuento esto aquí. Más bien me pregunto por qué no me pregunto ninguna de estas cosas. O mejor todavía: por qué no me preocupa no preguntarme nada de todo esto, si no paro de preguntármelo al decir que no me lo pregunto.
Me falta un "meta" para alcanzar su programa de centrigugado, pero hay noche en las que no puedo evitar interrogarme sobre los pasamontañas que encuentro revueltos entre calcetines y guantes de cuero. "¿De dónde saldrán esas cosas?"
RépondreSupprimerMi madre suele decir en estos casos:
RépondreSupprimer"pues si no lo sabes tú.."
A ti te dará igual, pero a los demás no. ¿Si te persiguiese una horda de zombis de los de ahora, rápidos como gamos, morirías mordisqueada o golpeada por tus propios senos?
RépondreSupprimer¡Queremos saber!
A los demás sí nos preocupa.
RépondreSupprimerLa comprendo: yo, para esto de las tallas también soy un desastre. Pero también es por culpa de los que hacen la ropa: utilizo camisas tallas S, M, L y XL sin que se observe la mínima diferencia entre ellas.
Sublibrarian: ¿sólo uno? Enhorabuena; yo ni siquiera puedo identificar los metas. Y esas cosas que encuentra... ¿le ha preguntado a la jovencita chillona esa que tiene en el foso?
RépondreSupprimerBruce: mi madre es en buena parte la culpable de estas ignorancias. Verás, mi papi quería mucho a mi mami, así que puso su semillita...
Iru: c): los cerebros de los zombis petarían rollo Scanners tratando de adivinar mi talla de sostén; hay cosas que el zombi (o el infectado) no debe saber.
Dr. Hitchcock: Lo comprendo: la curiosidad humana es insaciable. Y lo de las camisetas es cierto, puedes usar todo un rango de tallas: la marcalorzas, la arruguilla, la tabla (línea recta de los pezones al faldón), la camisón, la carrera de sacos...
¿No será usted de la talla catorce?
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