
El argumento es el clásico: epidemia zombi que asalta una ciudad y odisea de los supervivientes; en este caso, un puñado variopinto que consigue refugiarse, en primera instancia, en un centro comercial. Hay que decir que una de las "reglas" zombis no se cumple, y los jodíos corren que se las pelan, así que la peña lo tiene bastante chungo. Eso le da un poquito más de coherencia al asunto, porque una no ha podido evitar, ante este tipo de pelis, preguntarse cómo puñetas las epidemias zombi se extienden tan deprisa y tan a saco si los mamarrachitos se mueven tan despacito.
Snyder aprovecha, y muy bien, los recursos técnicos que el cine moderno, revolución digital incluida, pone a su disposición. El montaje es por momentos frenético, con cámara parkinsoniana y ritmo videoclipero con mogollón de planos por minuto, lo cual contrasta con algunos momentos más de relax, donde los diálogos y la interrelación entre los personajes son -como es también habitual en el género- la clave. Llaman la atención algunos planos aéreos francamente espectaculares, como uno que tiene lugar casi al principio, con la protagonista emprendiendo la huida en coche en una ciudad que poco a poco va sumiéndose en el caos. Mo-la.
Los actores están todos muy bien, vaya, aunque destaca una excelente Sarah Polley. No es que se pasen precisamente la peli llorando por su situación, pero ya digo que aquí queda todo supeditado a la acción y el entretenimiento, y los personajes poca función tienen aparte de ser el hilo conductor del pimpampum que es la peli. Total, que está la mar de presentable para pasar un rato de diversión cazurra y bestiaja, sin las dobles lecturas y los intereses añadidos que suelen tener los grandes títulos del género. Para el caso tampoco le hace falta.