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jeudi 10 février 2011

UNEARTHING, de Alan Moore y amigos, en Ars Sonora

Alan Moore - Unearthing
No os cuento nada. Escuchad el programa y flipad. Éste es, de todos modos, el texto de presentación de RTVE.es del audio del programa Ars Sonora que os dejo ahí, ahí abajo:

Una lectura radiofónica de "Unearthing", reciente trabajo del escritor británico Alan Moore, en el que participan músicos como Andrew Broder y Adam Drucker (Crook&Flail), Stuart Braithwaite (de Mogwai), Zach Hill (de Hella), Justin Broadrick (de Napalm Death, Godflesh, Jesu.) y Mike Patton (de Faith No More).
Luego os lo ponéis en el Google y veréis el box set y qué contiene y por qué mola tanto, a mí sí.

mercredi 2 juin 2010

Charles Addams y su familia (dis)funcional

Charles Addams - La familia Addams y otras viñetas de humor negro - Valdemar
Charles Addams es un humorista gráfico más que conocido gracias a la más popular de sus creaciones: La familia Addams. Y esto no tanto porque sus viñetas, publicadas en su mayoría originalmente en el prestigioso The New Yorker, sean especialmente leídas a nivel internacional, sino, como saben, gracias a las múltiples adaptaciones que toman sus personajes como base (de acuerdo a la Wikipedia, dos series de TV de "imagen real", dos de animación, tres películas y un musical de Broadway). Yo recuerdo haber visto al menos la primera de las películas y unos cuantos episodios de la serie de televisión, y la verdad es que no dejaron precisamente una huella imborrable, por más que las películas sirvieran, entre otras cosas, para iniciar el fetiche de Christina Ricci.
La familia Addams - Charles Addams - grupo

El caso es que la siempre meritoria editorial Valdemar editó hace un tiempo un volumen recopilando una representativa muestra de las viñetas de Charles Addams , primero en un lujoso volumen en tapa dura y más tarde en una cómoda -y económica- edición de bolsillo, que es con la que finalmente me hice. La edición española toma como base el recopilatorio yanqui The World of Charles Addams, de 1991, y añade un estupendo prólogo de Óscar Palmer, editor, a la sazón, de Es Pop Ediciones, que también coedita algunos títulos con Valdemar... Se cierra el círculo.
La familia Addams - Charles Addams - Caldero
Qué duda cabe de que el sentido del humor de Charles Addams, fino, agudo, sutil, pero también morboso, cruel, irreverente, ha tenido una influencia difícil de cuantificar pero en todo caso importantísima. Penúltima vuelta de tuerca sobre los lugares comunes del romanticismo, desmitificador pero al tiempo creador de nuevos mitos, Addams compone con una economía de medios -gráficos pero, sobre todo, verbales- envidiable, generalmente con una sola imagen muda o acompañada de unas pocas palabras. Los efectos humorísticos que consigue, sin embargo, son francamente impresionantes, aunque a veces no sabes qué emoción se vuelve dominante, si la hilaridad o el asombro ante el despliegue de inteligencia del autor. Y no siempre resulta obvio, por lo menos para cualquier lector, dónde está "la gracia"... Primero porque en ocasiones hay que atender a detalles sin los que la comprensión del mensaje cómico es nula, y hay que mirar un par de veces la imagen hasta adivinarlo; y segundo porque en algunas viñetas hay un referente externo no especificado que genera el efecto humorístico por contrapunto, y que bien podemos ignorar. Hay, por ejemplo, una genial viñeta muda que muestra a unos charcuteros ejecutando lo que parece un extraño baile envueltos por una ristra interminable de embutidos... Que remeda al grupo escultórico Laocoonte y sus hijos. O bien una viñeta en la que un par de individuos están sentados sobre sillas de mimbre sobre una especie de palafito instalado en una marisma, con un sol deslumbrante sobre la línea de mar; el texto reza: "Oh, uno se acostumbra a los peces voladores, pero ese maldito amanecer surgiendo como el trueno me está volviendo loco". Si alguno de ustedes por casualidad ha leído El himno de McAndrew de Rudyard Kipling, quizá entiendan a qué se refiere el texto de Addams. De todos modos, ni mucho menos siempre es tan rebuscado, y al menos las tiras de la selección suelen ser comprensibles sin tener que recurrir a referentes externos...
Esquiador - Charles Addams
Lo que quizá resulte un tanto asombrosa es la popularidad conseguida por la familia Addams, cuyas peripecias ocupan, en realidad, un porcentaje ínfimo de la inmensa producción gráfica de su creador. Óscar Palmer escribe en la citada introducción: "de sus más de 1.300 chistes para The New Yorker, no llegan a la treintena los protagonizados por la deliciosamente siniestra familia." El milagro del cine y la televisión, como les decía, son los que han expandido el universo de sus creaciones y han conseguido que sean un referente común por todo el mundo. De todos modos, el potencial ya estaba ahí, en unos personajes absolutamente memorables, en esa familia funcional/disfuncional de sociópatas que viven su condición con un sentido de la cotidianidad y la rutina doméstica desarmante. Una completa inversión de estereotipos cuya crítica sociológica no escapará a ningún lector, un espejo deformante que devuelve una imagen paradójicamente más real de nuestra propia existencia; más real -y perdonen que me ponga pseudopsicoanalítica- en tanto hace emerger aquellas pulsiones necesariamente sublimadas por las exigencias de la convivencia, sin máscaras, convirtiendo aquello prohibido no ya en aquello a traspasar, a transgredir, sino en el "comportamiento por defecto". No hay ritualismos invertidos, no hay éxtasis ni catarsis explosiva, visto desde dentro; el asombro nos pertenece sólo a nosotros, en tanto que estamos al otro lado.
La familia Addams - Gomez - Morticia - Charles Addams
Dejando de lado pedanterías y la habitual tornillería floja, vaya desde aquí mi más ferviente recomendación para que se hagan con este libro, si no lo tienen ya. Funcionales o no, los personajes de Charles Addams les darán un buen baño a su sesera.

mardi 1 juin 2010

EL SINDICATO DE POLICÍA YIDDISH, de Michael Chabon

El sindicato de policía Yiddish - Michael Chabon
Decía Maurice Blanchot en La conversación infinita (Madrid 2008, p. 158): "El judío es malestar y desgracia. (…) El judío, a través de los tiempos, es el oprimido y el acusado. Cualquier sociedad, y particularmente la sociedad cristiana, ha tenido su judío, con el fin de afirmarse contra él en una relación de opresión general." Por otro lado, "Hay una verdad del exilio, hay una vocación del exilio, y si ser judío consiste en estar encomendado a la dispersión, es porque la dispersión, lo mismo que convoca a una residencia sin lugar, lo mismo que arruina toda relación fija entre el poder y un individuo, un grupo o un estado, despeja también, frente a la existencia del Todo, otra exigencia, y finalmente impide la tentación de la Unidad-Identidad." (p. 160). Dos citas que nos vienen al pelo para hablarles un poquito de esta extraordinaria novela de Michael Chabon, el escritor judío norteamericano, ganador de un Pulitzer, situado -por la crítica, que no sé si esto tendrá algún valor- en la generación de escritores yanquis en la que figuran también grandes espadas actuales como Chuck Palahniuk, Jonathan Lethem o el tempranamente desaparecido David Foster Wallace. Ahí es nada, amiguitos.

Vamos pues con El sindicato de policía yiddish. Quizá sepan, la hayan leído o no, de qué va la novela si han caído en alguna reseña del libro por ahí. Por decir cuatro generalidades sin chafarles nada del libro, les comento que plantea una ucronía, una "realidad alternativa" en la que, tras la Segunda Guerra Mundial, no se formó un estado judío en Israel, sino que una zona de Alaska, el distrito de Sitka, se convirtió en terreno de acogida para los refugiados judíos europeos, los cuales gozan de cierta autonomía respecto del "propietario" del lugar, los Estados Unidos de Norteamérica, justamente hasta el momento en el que comienza la novela, en el que la zona está a punto de volver al control de sus "dueños legítimos", abriéndose un gran interrogante sobre el futuro de los judíos que allí viven. En este marco Michael Chabon nos narra una historia que podría enmarcarse en el género negro, donde un policía inicia la investigación de un asesinato, un asesinato que parece francamente poco relevante (como si una muerte, cualquier muerte violenta, no fuese siempre importante...) Y a partir de ahí, se va desarrollando toda una trama que implica el destino mismo, no sólo de la comunidad judía de Sitka, sino del statu quo del mundo entero. Si quieren saber más, tendrán que leer el libro...
Policía de Sitka - Alaska - El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon

Por lo que hace al estilo y demás, Michael Chabon se revela como un hábil narrador, que sabe hacer un muy buen uso de los lugares comunes de la novela negra más clásica y popular para contar una historia absorbente, entretenida y con unos personajes francamente memorables. Particularmente el protagonista, el detective de la policía de Sitka Meyer Landsman, alguien con muchos más rincones y facetas de las que aparenta al inicio de la novela, y que vive a lo largo de ella un periplo de los que lo cambian a uno para siempre, destacándose así de otros protagonismos más o menos monolíticos en este tipo de narraciones. Casi como si de una Bildungsroman se tratase, aunque la moraleja no sea, ni mucho menos, edificante... Pero sí muy judía, en muchos sentidos.

Y es que, y vuelvo ahora a las citas del principio, Meyer Landsman (y por sus obvias simpatías con éste, el narrador, Michael Chabon) parece representar dos de los lados del Ser Judío pincelado en las citas de Blanchot: la condena del ser judío, el ser sujeto de los odios e incomprensiones más o menos interesadas, más o menos irracionales, de los demás; y la condena del exilio y el éxodo, condena que, sin embargo, bien podría entenderse más allá del paradigma de maldiciones y bendiciones para revelarse como un principio para acabar con todos los principios, un estado del ser nómada ("nómada" como adjetivo del ser y como sustantivo a la vez) en el que, como apunta Blanchot, quedaría impedida "la tentación de la Unidad-Identidad". Frente a las tentaciones del poder, anhelo de glorias mohosas enredadas en un pasado mítico, reivindicadas por unos sionistas mesiánicos que cayeron del lado contrario, encontramos al nómada Landsman, el judío errante, el judío de la moralidad judía del exilio y el éxodo, el único dispuesto a ser cobijo de la Verdad a cambio de perder todo cobijo, toda morada y salvaguarda para sí. No es extraña, pues, la extraña nostalgia y melancolía que le invade, y que el alcohol sólo sea un frágil enmascaramiento de su exposición absoluta, la cual tampoco puede impedir la remisión destinal que le estaba entregada, la prenda que debía sostener y proteger él mismo y a cuenta de sí mismo. Levinas frente a Fackenheim: dos judíos, tres sinagogas.

No creo que hayan entendido un carajo de esto último; o quizá sólo les estoy extrapolando lo que me pasa a mí. Que no lo entiendo. Ya, ya sé que lo he escrito yo. Pero lo releo y no sé qué quiere decir. A ver, sé qué expresan estas ideas. Pero en cuanto pasan a letras algo se escapa, algo incomunicable. Algo muy clavado en mí. Será por eso que no consigo desarrancarlo y explicárselo a ustedes. Será que inconscientemente busco darles motivos de odio o, al menos, de incomprensión. Para lo del exilio ya no necesito motivos, ni los motivos podrían salvarme.

mercredi 12 mai 2010

Slavoj Zizek no debe haber visto Evil Dead II

Evil Dead II - Sam Raimi
Hacia la mitad de la película de David Fincher El club de la lucha (1999) hay una escena dolorosa, casi insoportable, digna de los más inquietantes momentos de David Lynch, que sirve como una especie de indicio del sorprendente sesgo final de la película. El protagonista de la cinta, para chantajear a su jefe y conseguir que le siga pagando a pesar de haber dejado el trabajo, se golpea salvajemente a sí mismo antes de la llegada de los agentes de seguridad del edificio. (...) El único caso similar de pegarse a sí mismo se encuentra en la citada Yo, yo mismo e Irene (...) En ambos filmes, la autoagresión física se inicia cuando la mano del personaje adquiere vida propia, que escapa a su control, es decir, se convierte en un objeto parcial, o, para decirlo en los términos de Deleuze, en un órgano sin cuerpo (lo inverso del cuerpo sin órgano).

(Slavoj Žižek, Órganos sin cuerpo. Sobre Deleuze y consecuencias. Valencia: Pre-Textos 2006, pp. 198-199).

De verdad que el libro de Žižek es una maravilla, interesantísimo a más no poder. Pero al llegar a esta parte no he podido evitar recordar esa hilarante -y macabra- escena de la segunda parte de la trilogía Evil Dead de Sam Raimi en la que el bueno de Bruce Campbell tiene sus propios problemas con una mano súbitamente autonomizada... O Žižek no ha visto la película, o no la recordó cuando escribió lo de arriba, pues.

jeudi 29 avril 2010

Las Vampirella Girls: JULIE STRAIN

Julie Strain - Vampirella 1
 Volvemos con las Vampirella Girls, y hoy le toca el turno a Julie Strain, ese pedazo de jamelga. Porque, oigan, así es como llamarían en mi tierra a una señora que hace 1,85 m. y con esa complexión tan... neumática, caballuna, diría yo. Y claro, delanteras... De relleno artificial, eso sí. Ya les decía yo a propósito de Brinke Stevens que la "Nueva Carne" siliconada no es una opción que me mole, pero ellas sabrán.
Julie Strain - Vampirella 2
Es curiosa la cantidad de paralelismos, en positivo o en negativo, entre ambas. Si una es altísima, la otra es un tapón de balsa; si una perdió la memoria en un accidente, la otra es lo suficientemente inteligente como para haber sido miembro de MENSA; si una tiene unas, ejem, ubres -aunque ya les digo que de pega- de las que una vez le cayeron cinco duros en el escote y todavía no los ha encontrado, la otra es rollo tabla de planchar. Ahora bien, ambas son scream queens reconocidísimas, con una amplia filmografía de lo más zetoso para demostrarlo; ambas han tenido sus propios comics y revistas; ambas han estado casadas con autores de cómic, también (Julie Strain con el Kevin Eastman of Teenage Mutant Ninja Turtles fame, Brinke Stevens con el difunto creador de Rocketeer, Dave Stevens; las dos, dicho sea de paso, se divorciaron de ellos); y ambas han sido, cómo no, modelos de la Playboy. Diferentes estilos, carreras más o menos paralelas. Saquen ustedes conclusiones, de haberlas.
Julie Strain - Vampirella 3
Julie Strain, está claro, daba el tipo para enfundarse las mallas rojas de nuestra querida Vampirella: sólo hay que verla. Morena de larga cabellera, curvas y más curvas, un careto apañado, una mirada glacial y, por supuesto, el flequillo a lo Bettie Page. Y su conexión con el freaky fandom, no sólo por las pelis de serie B-Z que ha protagonizado, sino por su relación con el citado Kevin Eastman.
Julie Strain - Vampirella Figura
Hasta una estatuilla y todo, para que vean.

En Harris Comics le han dado bastante bola, a la Strain, y no sólo ha protagonizado diversas portadas fotográficas para los comics de Vampirella, sino que ha contado incluso con un especial dedicado a su persona, básicamente con fotos y más fotos de la muchacha -y de otras modelos de la casa-, una entrevista en la que su entrevistadora afirma haber aprendido mucho sobre "babes, boobs, dynamite... and a little about life", y otras cosillas. Sólo para incondicionales, prevengo. Y sí, lo tengo, confieso.
Julie Strain - FAKK 2 -1
La muchacha caracterizada en su papel para FAKK 2.

Uno de los proyectos más interesantes, quizá, en los que ha estado metida Julie Strain es en la película de animación Heavy Metal 2000  (y en el videojuego relacionado F.A.K.K. 2). Digo interesante sin haberla visto -todavia, un día de estos caerá- porque lo que sí tengo en casa -soy irrecuperable, no malgasten su tiempo en sermones- es un libro editado a propósito del proyecto, con fotos de la Strain e ilustraciones de Simon Bisley. Bueno, Simon Bisley fue mi coartada intelectual para justificar la compra. Ya ven que mi intelectualidad se conforma con facilidad.

Julie Strain - FAKK 2 -2
Lo de Heavy Metal 2000 mejor no lo explico mucho, porque la verdad es que el libro apenas lo he hojeado, lo tengo sin leer todavía (también caerá, todo a su tiempo). Lo que salta a la vista es que Julie Strain da vida a uno de los personajes, y de hecho no sólo ofrece su aspect(az)o físico, sino su voz en el doblaje de la película y el videojuego.
Julie Strain - FAKK 2 -3
¿Salida de la mente de Rob!? La realidad supera a la ficción, amiguitos.
Julie Strain - FAKK2 - Figura de acción
Peli, videojuego y muñequitos. A ordeñar la vaca.

Y con esto y un sostén -abajo-, otra Vampirella Girl para la saca. Próximamente, otra señora de carne y hueso vampirellizada no sólo en foto, sino -por desgracia- en celuloide: Talisa Soto, mis frikines. Cuenten los minutos hasta entonces.
Julie Strain - Sostén - SFW

lundi 26 avril 2010

Joel-Peter Witkin: ensueños de lo neocárnico

Joel-Peter Witkin 3
 Joel-Peter Witkin es uno de los fotógrafos más singulares e inquietantes que podemos encontrar en el mundillo. Nacido en Nueva York en 1939, su trayectoria le ha convertido en todo un referente del arte fotográfico en general y, en particular, de esa peculiar expresión artística que algunos críticos han venido a llamar "La Nueva Carne", título sacado de la película Videodrome ("Long live the New Flesh!") de uno de sus más ilustres representantes, David Cronenberg. Hay un libro, editado por Antonio José Navarro y con artículos de gente como Rubén Lardín, Pilar Pedraza o Antonio Weinrichter titulado justamente La Nueva Carne. Una estética perversa del cuerpo que les recomiendo efusivamente si tienen interés en el asunto. Allí encontrarán textos que hablan sobre el citado Cronenberg, pero también sobre H. R. Giger, Charles Burns, Clive Barker y otros... Incluyendo, por supuesto, a Joel-Peter Witkin.
Joel-Peter Witkin - El beso - 1982
Suelen citarse, a propósito suyo, ciertos elementos biográficos que, dicen, tienen su peso en la explicación de las peculiares obsesiones reflejadas en su arte. Se inició sexualmente con un hermafrodita, cuentan; presenció, de crío, un accidente en el que la cabeza decapitada de una niña rodó hasta sus pies; y sus padres, judio él y católica ella, terminaron separándose por motivos de discrepancia religiosa. Esto último no es raro, si ambos eran mínimamente ortodoxos. De todos modos, el tipo de explicaciones biográficas siempre me parecen demasiado a posteriori y ni condiciones necesarias, ni suficientes. El romanticismo del concepto de genio "maldito"... Nada que no pueda impostarse o sacar de otros lugares, sin experiencias "extremas" ni coqueteos con la locura. Pero eso es otro tema...
Joel-Peter Witkin 6
La fotografía de Joel-Peter Witkin es, claro está, extraña, grotesca, inquietante. Un catálogo de teratología, del gusto por lo deforme, lo malsano, lo mutante, lo heterogéneo. Mantiene un tonillo vintage en el blanco y negro, en el aspecto ajado de las instantáneas, pero también en la composición, en algunos de los elementos como, a veces, el vestuario, el atrezo y demás. Y más que vintage, clásico: en sus obras es fácil rastrear la influencia de grandes pintores clásicos, y más de un crítico ha citado a Velázquez, el Bosco o Goya. También, añadiría, la del Todd Browning de la gran Freaks, interés teratológico que el director de cine y el fotógrafo obviamente comparten.
Joel-Peter Witkin
Aquí no sólo hablaría, por lo demás, de "Nueva Carne", sino también de ese arte del que nos hablaba Jean Clair en De immundo. Un arte sucio, escatológico en el que, sin embargo, gozamos de recrearnos. ¿Buscando una catarsis? A saber. Siempre se me hace complicado pensar en términos generales. Me cuesta saber en qué estoy pensando yo, para encima pensar cómo será para todos o, al menos, para muchos. Pero hacer hipótesis es gratis y, si hablas de estas cosas, materia obligada. Así que bueno. Digamos que sí, catarsis. Algo que nos saque del anillo del eterno retorno de la monotonía burguesa y tal. Estaría más convencida si no fuera porque ese anillo está plagado de incrustaciones que, si no otra cosa, están por la provocación del shock. Otra cosa es que estemos más o menos insensibilizados. O insensibilizables, en potencia, con lo que sólo tendríamos que recurrir a la farmacopea, lo cual sin duda deberemos hacer si el arte llega a conseguir su objetivo. Imaginen el desastre.
Joel-Peter Witkin 2
¿Cómo sería ser una foto de Joel-Peter Witkin? No hablo en sentido figurado, o lo hago sólo en parte. Andróginos, hermafroditas, lisiados, deformes, un muestrario de excepciones a las convenciones y las reglas. Ahí, congelados en un escenario cortado con cizalla. Es una impresión rara. Vale, chunga. Pero eso es el arte, ¿no? Un espejo que nunca muestra lo que hay en él, sino lo que hay en nosotros. Por eso se blinda... todo lo que digamos de él, lo estaremos haciendo sobre nosotros mismos. El arte, el de Witkin en particular, pero quizá todo él en general, te mira por encima del hombro. Escandalízate, si quieres. Aborréceme si te da la gana. Es igual. Es cosa tuya. Yo gano.
Joel-Peter Witkin 3
Si es arte, entonces, toca confesión, siempre toca confesión. Un cacho de la mía está en estas líneas. Convertida por un rato en modelo de Joel-Peter Witkin. De un Joel-Peter Witkin que ya no es un señor que hace fotos, sino sus fotos y, más que estas, el armazón, la "presencia de una lejanía por cercana que pueda estar", lo que nos quedó al mirar detrás del escenario y descubrirlo vacío. Pero sólo a nuestra mirada. No a la suya.
Joel-Peter Witkin - Dwarf

mardi 12 janvier 2010

Las SEXOGRAFÍAS de Gabriela Wiener

Sexografías de Gabriela Wiener
Cuando me pega el puntazo por algo en particular, soy peligrosa... para mí misma, claro está. Y mira tú por dónde, me dio por las "plumas sucias". Ya había leído alguna cosilla de ese palo... por ejemplo, la muy chula novela Paradoxia de Lydia Lunch, artista multidisciplinar algunos de cuyos discos tengo muy escuchados... y algunos de sus cortos también he visto, también. O, supongo que cuenta, Sexual personae y Vamps & Tramps de Camille Paglia, la diva POP! y profetisa de lo ctónico. Ahora me he leído prácticamente del tirón tres libros que podrían meterse, es un decir, en el mismo saco de esas "plumas sucias": Zonas húmedas de Charlotte Roche, Testo yonqui de Beatriz Preciado y éste del que diré alguna cosilla, Sexografías de Gabriela Wiener. De todas las demás tendría también bastante que contar, pero lo dejaremos para otro día.
Gabriela Wiener 1
Bueno, el libro. Es un recopilatorio de artículos diversos, escritos inicialmente para revistas y tal. Se divide en tres áreas separadas por sus títulos respectivos, aunque no sé, la lectura es bastante homogénea y no se nota mucho salto, aunque en teoría parece querer aislarse los artículos que se centran más en la propia Gabriela que otros en los que la función "periodística" es más evidente. O algo así. Porque en realidad Gabriela Wiener practica una suerte de algo a lo que llaman periodismo gonzo, cuyo patriarca parece ser Hunter S. Thompson -no he leído nada suyo, aunque el otro día vi un libro suyo en pitinglish ¡en Alcampo! y a punto estuve de cogerlo...-, y la diferencia entre "objetividad" y "subjetividad" del periodismo clásico se nos va a tomar viento fresco... Por lo que veo, la crítica se ha sacado de la manga la etiqueta para definir un tipo de periodismo en el que el periodista, más que ser un espectador "objetivo" de la noticia, se mete en ella, se implica como parte de la misma... Eso entiendo yo, más o menos. Imagino que lo que David Foster Wallace hizo en libros como Hablemos de langostas, o Chuck Palahniuk en Error humano, se acerca a la idea de ese "Nuevo periodismo" más o menos gonzo. Pero dejemos las etiquetas, que total yo no me aclaro mucho.
Gabriela Wiener 2
El caso: Gabriela Wiener nos cuenta en estos artículos un buen puñado de historias. De historias que generalmente tienen que ver con el sexo, obviamente (con ese título...) Y lo hace pues eso, con la "pluma sucia", sin tapujos, desvelando intimidades propias y ajenas no sólo desde una perspectiva amplia, generalista, sino acercando las anteojeras, hacia el detalle de los rincones, de las partículas, de los fluidos: de los cuerpos tal y como se ven cuando te pegas a ellos, vamos. Y en el fondo da igual que la experiencia -más que la noticia- tenga que ver con clubs de swingers, con pechos extra y sobaqueros extirpados, con Nacho Vidal, con el sadomasoquismo, la ayahuasca... Teatros de teórica marginalidad, de ob/scenidad (lo que supuestamente queda "fuera de escena", social en este caso), de la sacrosanta esfera de lo privado/privatizado/privatizable. Ese es, más o menos, el contexto, el tema, el motor de la acción.
Gabriela Wiener 3
Pero no es, para mí, lo más interesante del libro. A estas alturas, leer sobre tatuajes carcelarios, clubs de swingers, experiencias con drogas, prostitución y transexualidad... pues como que no llama de por sí la atención, vamos. Hemos tenido ya muchos escritores dedicados a escarbar en la basura, a sacar a la luz toda clase de "cochinadas", sexuales, pornográficas, "desviadas", el catálogo completo de la psychopathia sexualis: Céline, Henry Miller, Bukowski, Burroughs, J. G. Ballard... Por no mencionar el porno y su barra libre en internet, claro. No, lo que mola del libro es la propia Gabriela, su voz en las historias. Esa mezcla de candidez, de inocencia (¿impostada? nah...) y obsesión, liberalidad, afán de experimentación, sentido del propio cuerpo... y del ajeno. Parte monje jesuita, parte prostituta sagrada, Grabriela Wiener salta en estas historias de mata en mata (de pelo), abejita de flor en flor, libando de todos y cada uno de los cuerpos que se cruzan en sus peripateos, marcando y dejándose marcar por el Otro corporalizado. Experiencia de la trascendencia de la carne, vía mística a pesar de sí misma, las verdades de la carne se muestran en su desnudez, exudando de sus poros: basar, nefesh, ruah.

Tocar tierra es, a veces, el mejor modo de salir volando. Tocando, palpando, somatizando la experiencia, contándome sus cositas con su voz de amiguita que se desnuda para meterse contigo en la bañera, Gabriela Wiener me ha hecho levitar hasta dar con la cabeza en el techo. Me quedaré esa herida: el mejor regalo.

vendredi 14 août 2009

Empachada de Rubén Darío y mi BIG MOMENTAZO POP!poético

Rubén Darío, Cantos de vida y esperanza

Que servidora es una donkey konga (o monoburra, si prefieren) no es algo que descubriremos ahora. Que tengo un criterio lector superdescriterializado y mineralizado tampoco. Así que entre las lecturas de mi retiro carnal ha aparecido un librito del amigo Rubén Darío, ese excelso poeta nicaragüense que no falta de ningún temario de literatura hispana que se precie. Justamente, añado. El libro en cuestión es "Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas" -no es la edición de la foto de arriba, que es una que he encontrado vía Google-, en edición de Francisco J. Díez de Revenga y publicado por Ediciones Almar. Vale, lo encontré de refilón en el quiosco del pueblo a menos de tres euros, con su retractilado y todo: puro sibaritismo y ansias de culturizarme lo mío, ya ven.

Ahora viene excursus, para circunstanciar y excusationar (y excusatio non petita...) De chinorrica gané un premio de poesía (¡gran mérito!, díganme de alguien que no haya ganado alguna medallica o premio local en la vida para poderle hacer un reconocimiento...) Bueno, la, ejem, poesía ganadora era una chorrada que había escrito quince minutos antes de ir al cole (me olvidé que tocaba entregarla, así que, la historia de mi vida, la escribí aprisa y corriendo), y mi profe de catalán la presentó a concurso sin avisarme siquiera. Ya les decía que a esas edades ni chufa de catalufo, así que la cosa, aparte de un pestiño de carnet, tenía más faltas de hortografía que parida por un hoygan. El caso es que un tiempo después, olvidada la poesía (y lástima que no quedara la cosa así), me avisan de que he ganado un premio, y yo sin saber ni de qué ni por qué. Vale, me lo aclaran, yo que pues bueno, y el día de la entrega amanezco con 40 de fiebre. Mis papás me llevaron aspirinada hasta las cachas, y recuerdo estar medio flipá escuchando cómo mi profesor de catalán se deshacía en elogios -supongo- mientras realizaba la profunda exégesis -supongo- de mis burruños. De allí saqué dos conclusiones:

a) La crítica literaria es algo curioso. Por así decir.

b) Escribir poesía es algo que te convierte en candidato a sufrir un ridículo atroz. Tengas tú culpa o no.

Les contaba la tontería de las cinco de la tarde para venirles a explicar por qué no he vuelto a escribir poesía "seria" desde entonces (no, no es que me haya entrado el sentido común, es que me he dedicado a escribir cosas incomprensibles y absurdas directamente, sin necesidad de exégesis y a primera vista, siempre que me ha dado la ínfula "artística"). Por lo demás, mi faceta de, ejem, "crítica" es de las autoconscientes: colecciones de truños como puños que, si a la obra que haga al caso no, al menos a mí me retratan de maravilla.

Pero les hablaba de Rubén Darío. A ver, que sí, que debería soltar el rastrobaba ante uno de "nuestros" grandes clásicos y tal. Pero es que una lee cosas como ésta...

Nosotros exprimimos las uvas de Champaña / para beber por Francia y en un cristal de España.

En el contexto de un poema de peloteo al Cyrano de Rostand y con una cosa que hoy diríamos "multicultural" o algo de, esto, maridaje entre lo gabacho y lo batueco. Vale, pues aparte de horterín, esa figura del brindis es... ¿Manida? Pero bueno, esta es una frase al azar. Es que el libro está lleno...

¡Oh ruido divino / oh ruido sonoro!

Wow, "divino", gran adjetivo, originalísimo. Lo mejor: ruido "sonoro". Y nieve blanca, y sol caliente, y...

Esperen, un gran recurso para traer, em, "originalidad" y "profundidad": meter mogollón de personajes y demás rollos míticos, preferiblemente grecolatinos, que visten. En una sola página (la 72, por si también se han gastado los tres euros), cuento seis: castalia, Psiquis, Filomela, Hipsipila, fauno y Pan. Sin tirar de J. P. Vernant ni nada.

Luego están los arrebatos religiosos:

¡Oh, señor Jesucristo! por qué tardas, qué esperas
para tender tu mano de luz sobre las fieras
y hacer brillar al sol tus divinas banderas?

He leído algún cuaderno de catequista con horteraditas más conseguidas, la verdad.

Pero es que todo el libro es así, suma y sigue. Al principio tiene su gracia. A las dos páginas la ha perdido. Vale, quizá es que el libro es antigüillo y una está demasiado contaminada de cultura trash y postmoderneces (que también). Pero es que, digamos, Quevedo es bastante más antiguo y vamos, a mí no es que no se me caiga de las manos, es que me flipa.

Pienso que mi problema con Rubén Darío -y unos cuantillos más de esos clásicos de la moñada- no está con Rubén, está conmigo. Que he desarrollado demasiada malamilk como para poder seguir leyendo esas cosicas con el alma pura e inocente cual cabritilla retozando por los prados. O, simplemente, que mi nivel de cazurrez me impide ver más allá de cierta superficie y captar las intrincadísimas sutilezas que un análisis profundo sería capaz de hacer aflorar. Como aquello que debió hacer mi profe de catalán mientras a mí me freían la fiebre y la vergüenza propia y ajena, digo yo.

mercredi 16 janvier 2008

HET, de Santiago Bergantinhos. Pornontología.

Het - Santiago Bergantinhos
Portada de la novela Het, de Santiago Bergantinhos (más conocido entre nosotros como SuperSantiEgo).

No sé por dónde comenzar... se me habían ocurrido un par de etiquetas para aplicar al libro, pero si esto es algo siempre un poquito chorra (y miren que yo gasto, vaya que sí), en este caso es de juzgado de guardia. Si ustedes lo hubieran leído (daré por hecho que no, que tampoco hablamos, por suerte, supongo, del Código da Vinci), sabrían lo difícil que puede llegar a ser tratar de hablar de este artefacto... inclasificable, experimental, enrevesado y, sin embargo, sencillo de leer, lleno de recursos y juegos de lenguaje (uso peculiar de los signos de puntuación, elipsis y contrapuntos, aliteraciones, epítetos estilo Homero...), multirreferencial, a veces filosófico, a veces llano, reiterativo y variado, de estructura compleja y entrelazada, musical y poético, también soez y pornográfico con, ejem, poca corrección política, con personajes y situaciones imposibles y, sin embargo, ahí están... la pera limonera. No doy para hacer un análisis mucho más profundo... tampoco tengo ganas... les cuento cuatro cositas y ya está.

No hay que ser doctor en filosofía para entender el libro, pero si recuerdan al menos las lecciones del bachillerato y han leído algo de Nietzsche aprovecharán mejor la lectura. Reconozco que, al menos en principio, me llamó la atención el, esto, alto vuelo metafísico de la obra, más sabiendo la tirria que su autor ha mostrado en alguna ocasión por los “hermeneutas”, especialmente por el pobre tito Husserl. De todos modos, bien puede encontrarse todo consecuente... cuestión de atar cabos... y si no, tampoco importa demasiado; un poquito de estupefacientación en el frikismo cartesiano estricto podría ayudar a su equilibrio dialéctico. O algo.

Luego está el tema de los palos que recibe la Santa Madre Iglesia, literales, en la persona del clásico cura pervertido... igual la cosa está un poquito vista y no termina de epatar, pero bueno, forma parte de la trama y algún chivo expiatorio que desate los acontecimientos y sobre el que volcar la negatividad tenía que haber. En fin, el mayor pecado del hombre está en ser un reprimido y tener unas normas de comportamiento digamos que poco higiénicas... tres padrenuestros, cuatro avemarías y veinte duros en el cepillo, y arreglado.

Por otra parte, la visión del sexo en general y de la mujer en particular están un pelín sublimadas... que ya tiene narices en una novela tan explícita. Lo digo en un sentido cercano a la sublimación “apolínea” de la que habla Camille Paglia... sobre esto podría hablar largo y tendido, pero ahora “he venido a hablar de [su] libro”, así que lo dejaremos para otro rato.

No les digo más... que no voy a contarles la novela. Tan sólo decirles que a mí me ha gustado, vaya que sí, aunque eso lo sabía casi a priori... habiendo leído durante un tiempo la bitácora de su autor ya sabía más o menos a qué atenerme. Que se la recomiendo a todo el que le guste la novela contemporánea. Una bonita pieza, más que interesante, hoy por hoy de culto (el “culto” de los amigos y conocidos, esto es), y que dependerá de los típicos condicionantes exógenos, más que de sus calidades intrínsecas, que las tiene, para poder ampliar su público. Y nosotros que lo veamos.

jeudi 3 janvier 2008

El patio de la Perse, es particular...

[ACTUALIZACIÓN: en esta y otras entradas las fotos estaban subidas a un servidor que ya no existe, así que se fueron a tomar por sugus. Dejo el texto, por aquello de la nostalgia, pero...]

Hoy la Perse les presenta su edición especial voyeurs, revelando los interiores de la ratonera persil, una auténtica sala plagada de booby traps, vicio y perversión. Les ahorro la sección de CDs, DVDs y todo ese rollo; hoy tiramos básicamente hacia el papel, que verán convenientemente emplasticado. Sin más dilación, primera imagen: vista parcial de una de las librerías (OJO: clickeando van a la página desde donde podrán acceder a la imagen original, CLICKANDO EN "VIEW ORIGINAL SIZE", muuuuy grande...) Aquí, básicamente libros con letritas solamente (y una foto de la Perse, years ago).

A continuación, primera tanda de tebeos: DC, Vertigo, Wildstorm, trastos, llaves, entropía, kippel. La Perse y su sobrina. El pobre Kenny. Epi, calvorotas. La colección de muñecos de la JLA de los foskitos (completa) en una caja y de apoyatebeos. And all that jazz.

Number tri: la cafetera, tebeos de Marvel, cosas fuera de sitio, Toni: el bailongo, self portrait, carioca sobre folio y retractilado, 2007.

Estantería by confo$%ma, tebeos highdeluxe: argentino (Oesterheld y Breccia, básicamente), yanqui-ni-Marvel-ni-DC, tiras de prensa, manga, cosas fuera de sitio one more time, europeo, españolo, antiguos, revistas, polvo, the ghost in the smell, no leídos y/o no emplasticados, et alii.

Un auténtico dónde está wally pero sin wally, amiguitos. Un gallifante para quien encuentre:
a) Ansiolíticos.
b) El escondite de las drogas (¡ups!)
c) Un póster firmado por Bryan Talbot.
d)Los coleccionables de la primera peli de los escsmen.
e) Un cangrejo.
f) Un tebeo que es un truño como un puño, según la Perse.
g) Mi carro.

vendredi 7 décembre 2007

Nana, de Chuck Palahniuk. El sueño de los injustos

Nana - Chuck Palahniuk
Acabo de terminar esta obra del norteamericano Chuck Palahniuk, conocido en especial por haber dado pie, con su novela del mismo título, a la película El club de la lucha. Que vi por primera vez ayer mismo.

El libro contiene elementos fantásticos en su trama; casas encantadas y brujería, básicamente. Está escrito en un estilo que a servidora, que no ha leído mucha novela escrita en los últimos, digamos, 30 años o así, le resulta más o menos original. Telegráfico, a base de mantras, aforismos, paralelismos, reiteraciones, un poco dadá a ratos. Entre líneas se suponen intencionalidades, la sempiterna autocrítica que la "modernidad reflexiva" (Beck, Giddens y Lash dixit) se dirige incansablemente sobre sí misma, el monótono ouroboros de cinismos superpuestos como capas de cebolla. Ya da más o menos igual si te hacen reir o llorar.

Los personajes son, de imposibles, maravillosos. Las páginas te las comes como una bolsa de pipas. El final convence. Hay cosas que a lo mejor no terminan de funcionar, pero en la novela se disimula; me las imaginaba en una película y me fallaban más. Los aciertos son mucho mayores; creo. Leeré más libros de Palahniuk.

jeudi 29 novembre 2007

El cadáver y el sofá, de Tony Sandoval.

El cadáver y el sofá - Tony Sandoval
La sorpresa comiquera de final de año... no contaba, no ya con hacerme con él, sino siquiera con hojearlo. Me había pasado completamente desapercibido entre el aluvión de novedades de los salones del manga y expocómic... Pero lo vi en una estantería, y... jolines, qué dibujo tan peculiar, pensé. Parece más de un cuento para niños que de un tebeo con la etiqueta "para adultos", como es el caso. Cuando vi el precio casi me da algo: veinte eurazos por 96 paginitas, en rústica y pequeñito... es difícil encontrar un tebeo, en proporción, más caro. Pero cuando la Perse se encapricha, se encapricha, rayos, así que ni siquiera me molesto en pedirlo prestado para leerlo antes de comprarlo. El caso: ya lo he amortizado. Frente a la cantidad de tebeos y libros que compro y apenas leo una vez, generalmente tras un más o menos largo periodo de "almacenaje", éste lo devoré el mismo día y lo he releído, mirado y remirado un montón de veces ya. Me ha parecido una joya, una historia chula con un dibujo sencillamente cautivador. Les pongo una cita de Deleuze que me viene al pelo para explicarles por qué me ha gustado tanto. El francés habla sobre los diferentes modos de interpretar una lectura, y propone
considerar un libro como una máquina asignificante cuyo único problema es si funciona y cómo funciona, ¿cómo funciona para ti? Si no funciona, si no tiene ningún efecto, prueba a escoger otro libro. Esta otra lectura lo es en intensidad: algo pasa o no pasa. No hay nada que explicar, nada que interpretar, nada que comprender. Es una especie de conexión eléctrica.

Pues eso; chiribitas, y a no perderle la pista al señor Tony Sandoval.

samedi 24 novembre 2007

Lo que acabo de leer: Lovecraft: una biografía, de L. Sprague de Camp.

Lovecraft - Una biografía - L. Sprague de CampPues eso. Ya hace unos añitos desde que cayó por mis manos la primera recopilación de historias del singular providenciano, y una ya intuía que este señor no podía ser del todo normal. En todo caso, leer sobre su vida, como en este libro escrito por el también escritor de narraciones fantásticas Sprague de Camp, es algo que me parece tan entretenido como fascinante. De unos años a esta parte me ha pegado por leer de tanto en tanto alguna biografía, y, a propósito o no, suelen ser personajes con algún que otro tornillo que hubiera necesitado un par de vueltas... el último, P. K. Dick, pero ya habían caído personajes como Wittgenstein, Heidegger, Foucault o los peculiares fundadores de la lógica moderna (Frege, Cantor, Göedel, Turing...) Este tipo de lecturas es del que considero "lúdico" (fuera de estudio, pues), así que son lecturas de taza de WC, para pasar un rato, echar cuatro risas (cuando y si, que suele, se tercia) y quedarte con cuatro anecdotillas para contar tomando café (cuando y si, que no suele, se tercia).

Lo primero que me llama la atención, aparte de lo chotado y contradictorio que estaba y era el personaje biografiado, es lo de casi siempre con el biógrafo: qué manía de convertirse en juez y parte, en juicio de la historia y en Tribunal Viviente. El caso es que en las biografías se suele aprender tanto, si no más, del biógrafo que del biografiado. De Camp no se corta un duro a la hora de dar su opinión, de forma todo lo categórica que le rota, sobre todos los temas que el parecen susceptibles de recibirla, vengan más o menos a cuento. El tema del racismo o los aspectos relacionados con el parné y las maneras de conseguirlo, por ejemplo, aparecen en las 860 páginas de biografía hasta decir basta. De hecho, tal vez lo que más me ha desagradado del libro es que llega a resultar monótono de tan repetitivo, y de Camp llega al punto de citar en más de una ocasión un mismo texto, con moraleja similar en ambos casos. Y luego siempre da la matraca con las mismas opiniones a cuento de las neuras de H. P., su racismo, su falta de sentido práctico, lo majo que era con la peña... Para ser un tipo tan peculiar, la impresión que da la visión de de Camp es algo unidimensional, me parece a mí. Más de contradicción que de paradoja, de locura más coherente que genial. Luego está toda la parafernalia de psicoanálisis de salón... muy flojito, por ese lado, aunque hay que reconocerle que tampoco se excede. Va, el libro es más o menos, creo yo, equilibrado, resulta entretenido, está correctamente escrito y se lee en un plis, que no está mal para el tocho que es. Y, leñe, es sobre la vida de H. P. Lovecraft; como para encima quejarse.

lundi 22 octobre 2007

UBIK, de Philip K. Dick.

No hace mucho leí el libro de Emmanuel Carrère Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, y me picó la curiosidad nuevamente por el autor de Sueñan los androides por ovejas eléctricas, ya saben, la novelita en la que se inspiró la peli Blade Runner y que devoré de un tirón, años ha, en una sola noche. No hace mucho comentaba con un amiguete el aparente "revival Dick" que, de un tiempo a esta parte, da la impresión de haberse instalado en el ambiente; reediciones, adaptaciones al cine, monografías... y el tema, el Zeitgeist... no tanto la aparición de diferentes planos de realidad que se estructuran de modo jerárquico, ni siquiera su entremezclamiento o superposición, sino la imposibilidad recurrente de definir tales planos, de situarnos en los mismos... Ejem, estaba hablando de Dick, ese simpático chalaete. El caso: me he leído Ubik, no de un tiron esta vez, sino en tres.

Ubik - Philip K. Dick
"¿Y qué tal, Perse, te ha molao o qué?" Pues sí, bastante. Hay que reconocer que el hombre no es que fuera un Proust escribiendo -menos mal, que con uno basta y sobra-, pero se defiende con profesionalidad y yendo al grano, a contar su historia y dejar los adornos y retóricas para otros escritores más afectadillos y pedantines. Y eso, lo que cuenta, pues... está bien, una trama tramposilla y con continuos giros y "sorpresillas", incluyendo la final. El problema tal vez es que, una vez tenemos en cuenta las premisas, los giros son cada vez más previsibles o, por lo menos, menos sorprendentes (el final, por ejemplo, no creo que coja a casi nadie a contrapie). Pero bueno, eso es lo de menos: la trama es amena, se lee en un suspiro y es posible darle vueltas al asunto, a todo el trasfondo dickiano -y zeitgeistiano, como decía-, y calentarse la olla con realidades, virtualidades y demás. Otro día, ¿vale?

vendredi 12 octobre 2007

Con un par, don Satán.

Satanasa y amigas
Yo que él también me hubiera pillado el rebote... Vale, la lió, montó el pifostio, pero coña, un poco chungo también había sido el jefe... Lo que le queda al pavo son un par, o eso, o hacer un poco de gallito para que no se le desmadren las gallinas del corral... o un poco de cada cosa:

El espíritu lleva en sí mismo su propia morada y puede en sí mismo hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo. ¿Qué importa el sitio donde yo resida, si soy siempre el mismo y el que debo ser; si lo soy todo, aunque menor que Aquel a quien el rayo ha hecho más grande? Aquí, por lo menos, estaremos libres. El Todopoderoso no ha formado este sitio para envidiárnoslo, y no querrá, por tanto, arrojarnos de él. Aquí podemos reinar con seguridad, y, según mi parecer, reinar es digno de ambición, aunque sea en el infierno; vale más reinar en el infierno que servir en el cielo.


MILTON, John. El Paraíso perdido. Madrid, 1984, p. 14.

Céline: el gordo Normance, féerie pour un autre fois II.

Louis-Ferdinand Céline
¿Sobrado, Céline? ¿Se le fue la mano, o sólo la olla? ¿A la moda, a la moda de París (cho-rís), o pegando por donde le daba? ¿A tomarnos por gilis o bienvenidos a me la sopla y no me la constipa? No sé, pero es el libro pirético -casi- definitivo, una ida de flapa escrita como por un pesado quejica, hipocondríaco y tocapelotas con la tornillería muy, pero que muy desapretada; un genio, vamos. Ya apuntó maneras de su chacarraca matracante y despiporrado en su Voyàge au bout de la nuit, y erre que erre luego... cada vez más... Aquí está en su salsa, páginas y páginas enfebrecidas con el desquiciado guiñol contándonos un imaginario bombardeo parisino, entre la pesadilla alucinatoria, el patetismo y el cachondeo, todo junto y bien revuelto, con un francés complicaete de seguir -la traducción no es que ayude mucho, no crean, y no es porque no sea excelente- y las particularidades marca de la casa, los puntos suspensivos, el monólogo interminable, los barriobajerismos mezclados con referencias cultas y coces al diccionario, y venga y dale y pego... Hay que leerlo para hacerse una idea, aunque supongo que ya se pasó la moda y hoy los culturetas dan por otros lados y a la peña gansa nunca le han interesado, si no es por esnobismo o llenamiento de estanterías, este tipo de ladrilletes. No sé cómo les digo ahora que a mí me ha molado: para algo una es submundera y masoca de carné, nuff' said.
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